Rejuvenecimiento facial antes y después: mi experiencia con neuromoduladores y ácido hialurónico

Doctor realizando un tratamiento de rejuvenecimiento facial con neuromoduladores y ácido hialurónico durante la consulta.

Quería un resultado natural y este ha sido el cambio

Rejuvenecimiento facial antes y después. Esa sigue siendo una de las búsquedas que más hago cada vez que voy a someterme a un tratamiento estético. Me gusta ver fotografías reales, leer opiniones sinceras y saber si el resultado merece la pena.

No es la primera vez que me hago un tratamiento de rejuvenecimiento facial y, precisamente por eso, cada vez que hablo de ello recibo un montón de preguntas. Como hace unas semanas volví a hacerme el tratamiento, pensé que era el momento perfecto para responder a todas esas dudas y enseñaros el antes y el después.

Después de pasar por ello, he pensado que quizá este artículo pueda ayudar a otras mujeres que ahora mismo están donde estaba yo hace un tiempo: buscando respuestas antes de dar el paso.

Hace unos días publiqué Rejuvenecimiento facial integral: cómo mejorar la piel sin perder naturalidad, donde os expliqué en qué consiste este tipo de tratamiento, qué zonas se pueden mejorar y por qué decidí ponerme en manos del Dr. Ángel Martín de La Clinica Menorca. En aquel artículo os prometí que volvería para enseñaros el resultado y contaros mi experiencia una vez finalizado el tratamiento.

Y aquí estoy.

No soy médico ni pretendo dar lecciones a nadie. Solo quiero compartir mi experiencia porque creo que, cuando estamos pensando en hacernos un tratamiento estético, necesitamos algo más que fotografías espectaculares. Necesitamos saber cómo lo ha vivido otra persona, qué sintió antes de empezar, cómo fue el tratamiento y si, cuando se mira al espejo, sigue reconociéndose.

Porque esas eran exactamente las preguntas que yo me hacía.

¿Duele?

¿Se nota mucho al salir de la consulta?

¿Merece realmente la pena?

¿El resultado es tan natural como prometen?

En las próximas líneas voy a responder a todas ellas con total sinceridad.

Lo primero que quiero que sepáis es que las fotografías que vais a ver están hechas sin maquillaje, sin corrector, sin filtros y sin ningún tipo de retoque. Están tomadas justo antes de entrar en consulta porque ese día acudí con la piel completamente limpia. Me parecía la forma más honesta de enseñaros el antes y el después.

Y sí, también vais a ver mis manchas.

No he querido esconderlas porque forman parte de mi piel. Tengo melasma y, aunque hoy soy muy estricta con la protección solar —siempre digo que es el mejor tratamiento antiedad que existe—, la piel tiene memoria. Durante años no me protegí del sol como debería y esas manchas siguen ahí.

Mi objetivo con este tratamiento nunca fue eliminar esas manchas oscuras en la piel. Para eso ya os contaré más adelante mi experiencia con un tratamiento específico para el melasma, si llegara a hacermelo.

Lo que buscaba era algo diferente.

Seguir siendo yo. Solo quería mirarme al espejo y verme con mejor cara.

¿Qué tratamiento me realizaron?

Después de valorar mi rostro, el Dr. Ángel Martín me explicó qué tratamientos me aconsejaba y por qué. El objetivo era corregir aquellas zonas que hacían que, al mirarme al espejo, mi expresión pareciera más triste y cansada.

Desde que conocí al Dr. Ángel Martín, siempre me ha gustado su forma de entender la medicina estética. Su objetivo nunca ha sido cambiar un rostro, sino conseguir resultados naturales y equilibrados, respetando la expresión de cada persona. Esa filosofía es una de las razones por las que sigo confiando en él.

Después de analizar mi caso, decidió combinar dos tratamientos que se complementan entre sí para conseguir un rejuvenecimiento facial natural y armónico.

Aplicación de neuromoduladores y ácido hialurónico durante un tratamiento de rejuvenecimiento facial para mejorar las arrugas de expresión y redefinir el óvalo facial.

Por un lado, utilizó neuromoduladores en el tercio superior del rostro para relajar la musculatura responsable de las arrugas de la frente, el entrecejo y las patas de gallo. De esta forma, las líneas de expresión se suavizan sin perder la movilidad natural del rostro y, además, se evita que continúen marcándose con la misma intensidad con el paso del tiempo.

Por otro, infiltró ácido hialurónico en la parte inferior del rostro para mejorar los surcos nasogenianos y, sobre todo, las líneas de marioneta, que eran realmente lo que más me preocupaba.

Pero el objetivo no era solo corregir esas arrugas. Con el paso de los años vamos perdiendo colágeno, elastina y volumen de forma natural, mientras que la gravedad hace que los tejidos desciendan poco a poco. Como consecuencia, el óvalo facial pierde definición, la mandíbula deja de verse tan marcada y el rostro transmite una expresión más triste y envejecida.

En mi caso, me dijo que no era necesario aportar volumen en los pómulos porque ya los tengo bien definidos. Ese detalle me dio todavía más confianza, porque entendí que un buen tratamiento no consiste en poner producto por poner, sino en analizar cada rostro y tratar únicamente las zonas que realmente lo necesitan.

Al recuperar parte del soporte perdido y redefinir el óvalo facial, la cara vuelve a verse más firme, equilibrada y descansada, pero sin modificar los rasgos. Precisamente ahí está, en mi opinión, la diferencia entre un buen tratamiento de rejuvenecimiento facial y uno que acaba dando un resultado artificial.

Una de las cosas que he aprendido en esta última visita es que estos dos tratamientos no solo sirven para corregir los signos del envejecimiento que ya vemos en el espejo. También tienen un importante componente preventivo.

Los neuromoduladores ayudan a que las líneas de expresión de la frente, el entrecejo y las patas de gallo no sigan marcándose con la misma intensidad. El ácido hialurónico, además de recuperar el volumen perdido, mejora la hidratación de la piel y estimula la producción natural de colágeno. Es decir, no solo ayudan a mejorar el aspecto del rostro hoy, sino también a que envejezca mejor con el paso del tiempo.

Después de este tratamiento entendí que el rejuvenecimiento facial antes y después no consiste en parecer otra persona ni en borrar el paso del tiempo.

En mi caso, se trataba de suavizar esa expresión triste y cansada que veía en el espejo y conseguir un resultado más fresco, descansado y natural, sin perder mis rasgos.

¿Es doloroso este tratamiento?

Reconozco que tenía la duda de si el tratamiento dolería. Al final hablamos de la cara, una zona muy sensible, y había leído opiniones muy diferentes en Internet, así que no sabía muy bien qué esperar.

Después me di cuenta de que no había motivo para preocuparme tanto.

Las agujas que se utilizan son muy finas y los pinchazos apenas se notan. Además, el ácido hialurónico incorpora un anestésico local que hace que el tratamiento resulte mucho más cómodo.

No voy a decir que no notes absolutamente nada porque, al fin y al cabo, son pequeños pinchazos. Pero, sinceramente, a mí no me dolió. De hecho, cuando terminó, mi primera reacción fue pensar: «¿Ya está?»

Nada más terminar, la enfermera me aplicó frío en las zonas tratadas para ayudar a reducir la inflamación y hacer que la recuperación fuera todavía más cómoda.

Otra de las dudas que tenía era cómo estaría después del tratamiento. Pensaba que saldría de la consulta con la cara muy marcada o que tendría que quedarme en casa el resto del día, pero tampoco fue así.

Apenas tenía los pequeños puntitos de los pinchazos, que desaparecieron al poco tiempo, y pude continuar con mi rutina prácticamente con normalidad.

Lo único que me recomendaron fue no tocar las zonas tratadas, evitar la exposición directa al sol y, en el caso de los neuromoduladores, no tumbarme durante las primeras horas para favorecer que el producto actuara correctamente.

Si una de tus dudas al buscar información sobre el rejuvenecimiento facial antes y después es si el tratamiento duele, mi experiencia es que impone mucho más la idea de hacérselo que el propio tratamiento. Al menos en mi caso, fue mucho más sencillo y llevadero de lo que imaginaba.

¿Cuándo empecé a notar los resultados?

Una de las preguntas que más se hacen antes de someterse a un tratamiento de rejuvenecimiento facial antes y después es cuánto tiempo tardan en verse los resultados.

La respuesta es que depende del tratamiento.

En mi caso, el ácido hialurónico empezó a apreciarse prácticamente desde el primer momento, ya que devuelve soporte y volumen a las zonas tratadas. En cambio, los neuromoduladores necesitan unos días para hacer efecto, por lo que el resultado aparece de forma progresiva.

Y eso fue exactamente lo que ocurrió.

Cada día notaba pequeños cambios. No fue ese típico cambio radical que ves de un día para otro, sino una evolución muy gradual y natural. De hecho, al mirarme al espejo apenas era consciente de cómo iba cambiando mi rostro.

A los quince días volví a la consulta para la revisión, una visita que forma parte del tratamiento. El doctor comprobó que todo había evolucionado correctamente y realizó un pequeño retoque para perfeccionar el resultado.

Fue entonces cuando me dijo una frase que resume perfectamente su filosofía de trabajo:

«Siempre es mejor quedarse un poco corto que pasarse».

Me gustó mucho esa forma de entender la medicina estética. Su objetivo no es transformar un rostro, sino mejorarlo de forma progresiva y natural. Si después hace falta un pequeño ajuste, siempre hay tiempo de hacerlo en la revisión.

Aunque los cambios ya eran visibles durante los primeros días, fue después de esa revisión cuando sentí que el resultado estaba completamente asentado.

Curiosamente, fue al comparar las fotografías del rejuvenecimiento facial antes y después cuando aprecié realmente el cambio. Al verme cada día, mi cerebro se había acostumbrado a esa evolución tan gradual, pero las imágenes mostraban con claridad un rostro más descansado, una expresión más luminosa y un óvalo facial mejor definido, sin perder mi naturalidad.

Fue en ese momento cuando entendí por qué tantas personas buscan fotografías reales del rejuvenecimiento facial antes y después antes de decidirse a dar el paso. En mi caso, comparar las imágenes fue la mejor forma de apreciar un cambio que había sido tan progresivo que apenas me había dado cuenta de él.

Rejuvenecimiento facial antes y después: ¿mereció la pena?

Si me preguntaran hoy si mereció la pena hacerme este tratamiento, mi respuesta sería un rotundo .

Sin embargo, lo curioso es que no fui realmente consciente del cambio hasta que comparé las fotografías del antes y el después.

Como me veía todos los días en el espejo, la evolución había sido tan gradual que apenas percibía las diferencias. Fue al poner una imagen junto a la otra cuando entendí por qué tantas personas buscan fotografías reales del rejuvenecimiento facial antes y después antes de tomar una decisión.

Lo primero que llamó mi atención fue el cambio en el conjunto del rostro. En las fotografías se aprecia un rostro más descansado, un óvalo facial mejor definido y una piel con un tono más uniforme y luminoso.

Antes y después de un rejuvenecimiento facial con neuromoduladores y ácido hialurónico, sin maquillaje ni retoques.

Además, las líneas de marioneta, que eran una de las zonas que más me preocupaban, aparecen mucho más suavizadas, consiguiendo que la expresión de mi cara se vea más fresca sin perder naturalidad.

Otra de las zonas donde mejor se aprecia el cambio es el contorno de los ojos. Al comparar las fotografías entendí perfectamente el efecto de los neuromoduladores. Las patas de gallo siguen apareciendo cuando sonrío porque forman parte de mi expresión, pero las arrugas están mucho más difuminadas y la mirada transmite un aspecto mucho más descansado.

Ese era exactamente el resultado que esperaba conseguir.

No quería un rostro sin expresión ni parecer otra persona. Quería seguir siendo yo, pero con una imagen que reflejara mejor cómo me siento por dentro.

Pero, si hay algo que terminó de convencerme, fue la reacción de quienes me rodean.

Nadie me preguntó qué me había hecho. En cambio, varias personas me dijeron que me veían con mejor cara, más descansada o incluso más luminosa, sin saber exactamente cuál era el motivo.

Para mí, ese es el mejor resultado que puede ofrecer un tratamiento de medicina estética: que los demás perciban que tienes buena cara, pero sin notar que te has hecho nada.

Al final, fueron las fotografías del rejuvenecimiento facial antes y después las que me permitieron apreciar realmente el cambio. La evolución había sido tan natural y progresiva que, al verme cada día, apenas era consciente de ella. Comparar el antes y el después fue la mejor forma de confirmar que había conseguido exactamente el resultado que buscaba.

¿Volvería a hacerme un tratamiento de rejuvenecimiento facial?

Sí.

Y la respuesta no tiene que ver con querer parecer más joven ni con perseguir una perfección que, sinceramente, creo que no existe.

Volvería a hacerlo porque me he sentido cómoda con el resultado.

Cuando me miro al espejo no veo una cara distinta. Simplemente me veo con mejor aspecto, más descansada y con una expresión que refleja mejor cómo me encuentro.

Para mí, esa es la diferencia entre un tratamiento bien hecho y uno que no lo está.

Creo que la medicina estética no debería servir para que todos acabemos teniendo la misma cara, sino para ayudarnos a sentirnos mejor con la nuestra.

También creo que es importante tener claro que estos tratamientos no son una solución milagrosa ni sustituyen unos buenos hábitos. Cuidar la piel cada día, protegerla del sol y llevar un estilo de vida saludable sigue siendo igual de importante.

Si después de leer mi experiencia sobre el rejuvenecimiento facial antes y después estabais buscando una respuesta clara a la pregunta de si merece la pena, la mía es sencilla: , siempre que tengáis expectativas realistas y os pongáis en manos de un buen profesional.

Resultado final del rejuvenecimiento facial antes y después con un rostro más descansado, un óvalo facial mejor definido y una expresión natural tras el tratamiento.

En mi caso, la experiencia ha sido muy positiva y volvería a repetirla sin dudarlo, porque he conseguido exactamente lo que buscaba: verme más descansada, mantener mi naturalidad y seguir reconociéndome cada vez que me miro al espejo.

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